Místico despertar de mi aurora.


Sublime amanecer, ese encuentro paradisiaco  entre la niebla intangible  de mis sombras disipadas con un bostezo y el acostumbrado estiramiento de todo el cuerpo, que se debate entre el querer continuar un necesario descanso y la intranquilidad de mi naturaleza. Místico despertar de mi aurora en el encuentro con el mundo subjetivo de mis emociones y ese instante reservado de meditación e iluminación personal que alimenta mi alma. Eventos importantes desfilan ante mis ojos, enigmas de todos los días que quedan sin respuestas, lamentos, dudas y esa eterna preocupación de lo que nos espera del otro lado de la puerta, cuando enfrentemos el mundo que lucha y se revuelca en el lodo de las inconsistencias, deslealtades y miserias humanas. Pero siempre aparece el puente que une mi alma  con la voluntad de encontrar la luz que se esconde incorpórea, en la calígine del crepúsculo, y que lo envuelve todo con la densidad de la melancolía.  Ese puente que necesita la vitalidad del Sol, su divinidad, para realizar un  exorcismo que expulse  toda negatividad de mis emociones. Entonces,  hacemos el conjuro espiritual, excelso, definitivamente divino que protagonizará  el instante cándido y angelical  en que la contemplación busque un espacio entre mis versos;  y ascética - virtuosa, tome de su mano la  languidez de la añoranza, la vista de recuerdos  y la adorne con la esperanza de mis sueños de hoy. 
¡Místico despertar de la alborada,  fraguaste un sortilegio de luces en mi alma!

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