Al compás de los requiebros.



Yo te ofrezco el frenesí
del más ardiente deseo,
la pasión de seducir
cual desatino coqueto,
el néctar de tu sentir
mi adorado caballero.

Tú me ofreces el sabor
 de tus labios  hechiceros
y me susurra el primor
de tus besos en mi cuello,
en el lábil suspirar
del néctar de mis anhelos.

Yo te ofrezco delicada
cobija para tu cuerpo,
con sutileza en el alma
y el candil de mi silencio,
que te ansía en el remanso
 penetrando mis anhelos.

Tú me ofreces la verdad
del viril acoplamiento,
alucina mi visión
en el vaivén de los cuerpos,
cuando el eco del edén
se enajena con tus besos.


Yo te ofrezco la suprema
caricia de mis lamentos,
entre suspiro y gemido
al compás de los requiebros,
con el gozo bien prendado 
al encanto de los cuerpos.


Y en el elixir que fluye
del ardor de los deseos,
siento el clímax delicioso
del amor y sus misterios,
en esta complicidad
de las almas y los cuerpos.
 











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