Añoro madre mía tu consuelo

 
Tus ojos surtidores de esperanzas
pletóricos de albricias tremolando,
 escrutan los senderos acercando
distancias que conspiran añoranzas.
 
No escondes tu paciencia entre alabanzas
ni evades la mirada silenciando,
si el gozo del cariño va irisando
la tierna filigrana de enseñanzas.
 
Requiebro de tu amor que no claudica
y sueña en el quebranto una quimera
leal en la virtud que sacrifica.
 
Atávica beldad cual primavera
que arrulla milagrosa y multiplica
la fuerza maternal que me libera.
 
Y abrazo la emoción que plañidera,
conmueve su pasión ante el desvelo.
Añoro madre mía tu consuelo
y el eco de tu risa lisonjera.

 

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