Gime el romance su adagio

 


Gime el romance su adagio
entre páramos desiertos,
unge discreto sus notas
cual pentagrama del tiempo,
que trasciende las quimeras
entre avatares bohemios.
Dice el romance letrado
que el olvido no es su dueño,
que en el sendero trillado
las huellas de su talento,
revelan la melodía
en arúspice proemio.
 
 
Y aturdido en la aventura
de cenital sortilegio,
gime abyecta la anarquía
en confuso desconcierto,
cual arrabal atrevido
en su fárrago apogeo.
Notas osadas irisan
el espíritu indiscreto,
del capricho que castiga
al pretérito silencio,
en la frugal despedida
cautelosa en su desvelo.


Tornasola ineludible
al romance sus requiebros,
lisonjean su armonía
el rocío del arpegio,
que fluye libre de penas
tan hialino entre los fresnos,
cual céfiro que enamora
el aura del sentimiento.


¡Gime el romance su adagio
y el olvido no es su dueño!
 

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