El puñal de tu partida




¡Y clavas el puñal de tu partida!
¡No mires hacia atrás, yo no estoy sola!
Me guarda la conciencia que no implora
y el vasto rosicler de una caricia.
Lo clavas con pensada alevosía,
lo supe de antemano, aquella hora
del pálido clavel entre las hojas
y el gesto de tu hipócrita sonrisa.


Y siento ese dolor que no lastima,
que deja su estupor para la historia,
que habita en la inquietud, entre las sombras
y seca alguna lágrima perdida.
Me guarda la virtud que se anticipa,
que busca renacer sin maniobras,
ni falsos maquillajes, ni deshonras
y así mirar confiada tu partida.



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